El control de las conversaciones 2.0: una ilusión
Tenemos que cambiar el chip. No podemos intentar usar las redes sociales con la misma actitud con la que llevamos 50 años haciendo publicidad. En Visibilidad dedicamos precisamente un capítulo, el último que bautizamos “Lo digital es una actitud”, a argumentar la necesidad de “ser digital” de cambiar la mentalidad y adquirir nuevos roles.
Ayer en Santander en mi conferencia en CESINE aparecieron esos fantasmas de la necesidad de control, unos clásicos a estas alturas del debate.
De un lado, la necesidad de moderar intervenciones de “los otros” -léase censurar-:
“No estoy todo el día mirando Facebook o mi blog así que no puedo arriesgarme que ese comentario esté unas horas visibles hasta que yo pueda borrarlo”. Si eres un participante de esta gran conversación que es el Internet actual y dispones de plataformas que compartes con tu mercado, tienes que estar siguiendo de cerca lo qué pasa en ellas (dedicar por tanto tiempo y recursos). Y si no, pues no pasa nada, seguimos como hasta ahora lanzando mensajes sin que puedan interactuar y veremos como-curiosamente- esos mensajes se publican en otros lugares dónde sí se acepta el debate y la disención.
Toda la vida las empresas nos hemos llenado la boca con la importancia del feedback, “su opinión es importante”… ¿Qué pasa? ¿Que sólo es importante cuando la opinión es positiva? Ahora que tenemos unas herramientas en las que podemos tener continuamente esa valoración y comentarios de nuestros clientes – y casi en tiempo real-, nos da miedo lo que puedan decir. Y luego, hablar, como dice Fernando Polo: “No nos limitemos a escuchar porrque corremos el riesgo de morir sabios y mudos”.
El otro clásico es el de la reputación en los buscadores. Ya no se nos escapa que la imagen que refleje Google de nosotros - con resultados de contenidos generados por otros - puede influir y condicionar a terceros (clientes potenciales, proveedores, inversores, periodistas, etc.) Tampoco es posible el control. Más allá de las implicaciones legales, los contenidos en otros webs son propiedad de éstos y Google los ordena bajo criterios objetivos de relevancia. La única salida es desplazar esos comentarios negativos consiguiendo añadir otros contenidos que sean más relevantes. Si has cultivado tus relaciones en la web 2.0 y la reciprocidad podrás explotarlas ahora que te hacen faltas, y merecerte los enlaces que necesitas para mejorar la posición de estos contenidos estratégicos. Si no has sembrado, ¿cómo vas a conseguir la popularidad –enlaces entrantes- que necesitas?
Finalizo con una reflexión de “Visibilidad” (pág. 177) “Una idea que recuerda a la adaptación de las especies de Darwin : la empresa que no esté dispuesta a transformarse está condenada a la extinción en el mundo 2.0”. Y tú, ¿estás dispuesto?